EXPANSIÓN. – SANCIONES A CUBA, MUCHO TRUMP Y POCAS NUECES

EXPANSIÓN. – Madrid, 9 de noviembre de 2017.-

Donald Trump celebra su primer año de mandato presidencial con nuevas restricciones a aquellos norteamericanos que quieran visitar y hacer negocios en Cuba. Y lo hace legalizando las medidas que informalmente anunció el pasado mes de junio en su mitin de Fort Lauderdale (Sur de Florida). Aquellas medidas iban a ser –y ya son-, el fin del programa de visitas individuales people-to-people creado por Obama, que permitía a los ciudadanos estadounidenses –U.S. Persons– visitar Cuba por libre y bajo una serie de laxas condiciones, previo trámite de comunicación al Departamento del Tesoro. Y por otra, censurar las transacciones económicas, comerciales y financieras de compañías y ciudadanos estadounidenses con empresas vinculadas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias y los servicios de inteligencia y seguridad de Cuba.

Se supone que las medidas anunciadas en junio iban a entrar en vigor el pasado 15 de septiembre, pero el impacto del huracán Irma en esas fechas parecieron sensibilizar al presidente Trump que, considerando que formalizar tales restricciones a la vez que el ciclón dejaba 134 muertes a su paso resultaría inadecuado -lo que supone implícitamente reconocer la alta impopularidad de este tipo de medidas en EEUU-, decidió aplazar su entrada en vigor. Pues bien, el “efecto  Irma” apenas duró ocho semanas. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (en inglés, OFAC) publicó este pasado miércoles 8 de noviembre la resolución final de este nuevo paquete de medidas que en definitiva, son más psicológicas y de cara a la galeria que económicas, y explicaremos por qué.

Trump aspira a socavar la industria del turismo cubano desde dos frentes: primero, derogando el programa people-to-people. Así, con sus oficiales 284.937 visitantes estadounidenses a la Isla durante el ejercicio 2016, los turistas “gringos” apenas llegan al siete por ciento del total (una lista que lidera Canadá). Esta medida supondrá, en datos del prestigioso Brookings Institution, una reducción de “entre el uno y dos por ciento” de las visitas de U.S. Persons a Cuba. Es decir, esta primera medida-aniversario de Trump impedirá que unos 3.000 estadounidenses – el equivalente al pasaje de dos cruceros o seis Boeing 747- dejen de visitar anualmente Cuba, y que sus 120 dólares/día que el Ministerio de Turismo cubano cifra como gasto medio del turista extranjero busquen otros destinos.

El segundo frente -censurar las transacciones económicas, comerciales y financieras de compañías y ciudadanos estadounidenses con una lista de sociedades cubanas- tampoco parece que vaya a causar grandes males a la economía pública cubana. Así, el propio Brookings Institution cifró en un 31% los dólares estadounidenses que entran en Cuba recaen directamente en el sector privado cubano, especialmente en las casas particulares, restaurantes, paladares o taxis. En definitiva, aunque las nuevas medidas-aniversario de Trump pretendan herir a empresas cubanas vinculadas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias y los servicios de inteligencia y seguridad de Cuba y que el presidente estadounidense haya declarado que pretende que el impacto en los ciudadanos cubanos sea “el menor posible”, la realidad es que las actuales restricciones golpearán por igual al sector privado. Nótese que varias cadenas hoteleras españolas como Iberostar o Meliá así como otras internacionales como Kempinski firmantes de contratos de operacion y comercialización  para complejos hoteleros -que por su vinculación con sociedades cubanas ahora sancionadas- no podrán ahora dar servicio a estadounidenses o publicitarse en los EEUU.

Mientras todo esto sucedía, la institución Iniciativa Económica y de Negocios de la Universidad de Florida –FAU BEPI, por sus siglas en inglés-, publicaba los resultados de una encuesta que reflejaba que el 47% de los consultados apoya el deshielo diplomático hacia Cuba y el fin del embargo, frente a un 34% que optaba por un endurecimiento. En palabras de su directora, Mónica Escaleras, “la gente de Florida apoya más la política de Obama hacia Cuba, mientras que la tasa de popularidad de Trump sigue cayendo en el Estado”.

Parecería, con base en lo anterior, que las medidas-aniversario de Donald Trump tienen como finalidad subyacente hacer todavía más difícil la entrada de sus propias empresas -no sólo las hoteleras- en el mercado cubano.  Porque en definitiva y aún a sabiendas de que Cuba considera la inversión extranjera como un elemento “imprescindible” para su desarrollo económico, que Trump limite el acceso de sus compatriotas a la isla -ya sea como turistas o como inversores-, no hará cambiar de opinión al grueso de turistas e inversores de otras nacionalidades que llevan haciendo negocios en Cuba durante decadas y pese a las sanciones norteamericanas. Más allá de verlo como una amenaza, los empresarios extranjeros asentados en Cuba pueden ver estas medidas como una oportunidad de consolidar su posición y ahorrarse competir frente a grandes compañías estadounidenses con muchas ganas de asentarse en la Isla. En fin, parece que ya nos vamos familiarizando con un nuevo concepto  en el ámbito de política exterior norteamericana, el de  “mucho Trump y pocas nueces”.

 

José María Viñals Camallonga

Socio y Director de Operaciones Internacionales

 

Renato A. Landeira

Abogado Senior

 

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