LA UNIÓN EUROPEA ANTE EL RETO IRANÍ DE TRUMP

Con nuestra atención volcada en el nuevo gobierno, en España ha pasado desapercibida una carta de fecha 4 de junio en la que varios líderes de la Unión Europea y el E3 (Francia, Alemania y Reino Unido) se dirigían a la Administración Trump. Esta carta es de suma importancia, porque (i) es un punto determinante para las relaciones entre EEUU y Europa; (ii) traza por fin un esbozo de los mecanismos de protección de las inversiones europeas en Irán; y (iii) reconoce una fricción entre los intereses de los EEUU y la UE, principal reto actual de la política exterior comunitaria.

Los firmantes (Federica Mogherini y los Ministros de Exteriores y de Economía y finanzas del E3) solicitan seis medidas concretas para proteger los intereses de las compañías europeas de la extraterritorialidad de las sanciones norteamericanas contra Irán, y por ende para proteger sus esfuerzos diplomáticos por salvar el Acuerdo Nuclear. Trump, por su parte, se ha enrocado en una posición frente a Irán que el resto de firmantes del Acuerdo Nuclear no comparten, y una respuesta positiva al requerimiento europeo lo debilitaría.

Los efectos extraterritoriales de las sanciones norteamericanas afectan incluso a empresas europeas sin intereses en EEUU debido al poderoso efecto que aquéllas tienen sobre los sistemas bancario y de seguros a nivel mundial. La petrolera Total, el Grupo PSA (Peugeot, Citroën, DS, Opel) y Siemens Alemania han sido de los primeros en anunciar su cierre de operaciones en Irán, pero muchas otras se verán obligadas a tomar el mismo camino –a costa de cuantiosas pérdidas económicas– si se mantiene la presente situación de incertidumbre.

En este contexto, Europa está tratando de proteger (i) sus propios intereses políticos (contener la proliferación nuclear para mantener la frágil estabilidad en la región); así como (ii) los intereses económicos de sus empresas. La protección de inversiones es aquí mucho más que una política comercial, y se erige como un asunto de estado a nivel europeo.

Las seis medidas solicitadas por la Unión Europea

  1. Excepciones generales a empresas de la UE. Toda empresa europea que no opere en un sector objeto de sanciones europeas (el militar y el energético nuclear, sobre todo) podría continuar con sus operaciones en Irán sin sobresaltos. La principal diferencia con cómo habían operado hasta ahora sería que tendrían que buscar proveedores distintos a los norteamericanos, cuyos productos ya no podrán ser exportados ni reexportados a Irán.
  2. Excepciones por sectores. En particular, a los sectores farmacéutico y sanitario, a la automoción y a la infraestructura y aviación civiles. Especialmente importante es el caso de Airbus, que tiene firmado con Irán un contrato para la venta de 100 aeronaves –de las cuales solo 3 han sido efectivamente entregadas por los problemas para asegurar la financiación necesaria en los mercados internacionales. El otro gigante aeronáutico, la estadounidense Boeing, también había firmado un contrato con la República Islámica (por un valor agregado de 20 mil millones de dólares) y ya ha anunciado que rescindiría este contrato como consecuencia de la reimposición de las sanciones.
  3. Mantenimiento de relaciones bancarias con el sistema Iraní, primordialmente el acceso del Banco Central Iraní al sistema SWIFT. El sistema SWIFT es una red cooperativa fundada en Bélgica que en el pasado ha sido una herramienta efectiva en la aplicación de sanciones a Irán, desconectando a los bancos iraníes de su red para aislarlos del sistema bancario internacional. La reconexión de estas instituciones financieras con la firma del Acuerdo Nuclear, sin embargo, no supuso la automática restauración de relaciones bancarias normalizadas. Los bancos continuaron mostrándose reticentes a cualquier relación con bancos iraníes, y el celo de su compliance ha afectado a la obtención de financiación, el procedimiento de pagos, e incluso la apertura de cuentas de ciudadanos iraníes en países de la UE. En consecuencia, nuestras empresas en Irán se han enfrentado constantemente a retrasos y dificultades operacionales. El mantenimiento del acceso al sistema SWIFT, por tanto, no es una condición suficiente (aunque sí necesaria) para que las empresas europeas puedan continuar trabajando en sus operaciones en Irán. De momento SWIFT no se ha pronunciado al respecto, pero parece improbable que le eche un pulso a la Administración Trump, y la alternativa sería la creación de un sistema paralelo y alternativo a través del Banco Central Europeo.
  4. Extensión de los períodos de transición para el cierre de operaciones. Ahora mismo los plazos que da EEUU para el desmantelamiento de los negocios en o con Irán terminan en agosto y noviembre 2018. Un período insuficiente para que las compañías desinviertan en Irán sin sufrir cuantiosas pérdidas en el valor de sus inversiones.
  5. Mantenimiento de la Licencia General H. Esta licencia permitiría a las subsidiarias extranjeras de empresas estadounidenses continuar con sus negocios en Irán sin tener que solicitar licencias especiales para ello.
  6. Aseguramiento de la excepción para cuentas bancarias de las embajadas europeas en Irán. Esta es la petición que la Administración Trump concederá casi con seguridad.

Un momento determinante para la diplomacia europea

La prensa estadounidense ha interpretado la carta europea como un signo de su debilidad diplomática como bloque. Pero la priorización de soluciones diplomáticamente consensuadas ha sido la norma en las relaciones Europa-EEUU, y que los líderes europeos se mantengan fieles a esta tradición frente al nuevo estilo de la política exterior de EEUU es perfectamente compatible con el mantenimiento de una posición diplomática firme, y unida.

La posición de Europa en este asunto, actuando como un solo bloque y sin fisuras, puede marcar un antes y un después en la forma en que la UE afronta los nuevos retos geoestratégicos que se le presentan. Las medidas que tome determinarán la fuerza de su política exterior frente a nuestro tradicional aliado transatlántico y supondrá tanto un importante paso para la protección de los intereses europeos en Irán como un gran paso para el afianzamiento de nuestra política exterior común.